Vídeo: Pablo Granero

BRAND VOICE – LAS 19.06

Switch it off: ¿apagas el móvil cuando acabas de trabajar?

Ferran Salas – 11/12/25

En esta nueva entrega del ciclo Las 19:06, nos desplazamos a Gandia, donde se encuentra el restaurante Ona Cuina Oberta, para hablar de la problemática de la desconexión digital y si es posible plantarle cara al ya consabido FOMO: ese atenazante miedo a perderse algo de nuestra era

Eran las 19:06 del 27 de noviembre, la noche caía en Gandia, el frío calaba entre los pocos transeúntes que aún quedaban por las calles. Corrían apresurados, quizás por el frío, quizás por las horas. En ese instante David Blay, director del Almanaque Gastronómico; Santiago Botella, periodista de la cadena SER; Eva Pizarro, docente de Gasma y sumiller; y Laura Castro, directora de cuentas en la agencia creativa Brava, cruzaban el dintel de Ona Cuina Oberta. Les esperaba el refugio de Gabriela Tarín, jefa de sala y mitad de la propiedad del negocio. Paco Castelló, su otra mitad y cocinero de la casa, sufría un episodio de gripe que le impedía levantarse de la cama y lamentaba su asistencia. Las cosas del invierno, que siempre empuja al recogimiento.

Se producen los pertinente saludos y se sirven las primeras cervezas 1906 de rigor. Es entonces, y sólo entonces, cuando los asistentes a esta nueva sesión de Las 19:06 deciden abandonar sus teléfonos móviles para entregarse a la tertulia. Precisamente, vienen a hablar de la calma frente a los estímulos diarios, de los beneficios de apagar el móvil y empezar a prestar atención plena al contexto real, en lugar de permanecer enganchados al digital. Y el primero en romper la barrera es David Blay, quién asegura que para él es «muy difícil» separar lo digital de lo físico, ya que teletrabaja y muchas veces las barreras de desdibujan, aunque crea distintos hábitos que le obligan a parcelar espacios. Al respecto, Santiago Botella apunta que en lo profesional está «hiperconectado», pero prefiere no exponer su vida personal. «Me generaba mucha ansiedad recibir comentarios o estar pendiente de la validación», reconoce.

Cuando la escucha es atenta. Foto: Pablo Granero

La charla discurre entre lamentos y confesiones. «Vivo conectada a las pantallas, puedo pasar de media más de diez horas al día ya que trabajo con las redes sociales, y hasta Whattsapp es una herramienta de trabajo«, apunta Laura Castro, mientras el resto asiente. «Muchas veces cuesta discernir entre lo urgente y lo importante y la constante comunicación, este canal genera un agotamiento mental del que es difícil salir», prosigue. Eva Pizarro incide sobre el FOMO y el síndrome de la impostora. «He llegado a creer que no tenía el talento de otros compañeros, muchas veces inducido por la cantidad de contenido que consumimos. Tal y cual está en tal sitio, este vino no lo he probado… Lo que muchas veces genera inseguridades», admite. Es curioso que un perfil profesional como el suyo padezca esos miedos, sin embargo, todos los presentes afirman haber experimentado esta sensación en mayor o menor medida.

Tras la aparición de Gabriela Tarín, que nos agasaja con unos platillos y nos cuenta cómo su experiencia vital les ha hecho virar hacia un concepto más sencillo de vida, del que tampoco logra eliminar la tiranía de las redes, David Blay aporta remedios. «Para desconectar, suelo correr. Es lo único que logra mantener mi mente en silencio», sugiere. Ante esta confesión, Santiago expone: «Amo la papelería y escribir a mano, está demostrado que si escribes a mano te concentras más, además no tienes el móvil en la mano». Al respecto Laura nos cuenta que ha empezado a tejer por el mismo motivo. «Necesito encontrar espacios de reconexión conmigo misma y la atención que requiere el acto de tejer me obliga a mantenerme focalizada», afirma. Y llama la atención que todos tengan que elaborar estrategias de defensa.

Los asistentes a la charla de las 19:06 alaban la capacidad regenerativa que tiene la desconexión digital, el aumento de su capacidad crítica, la claridad o la creatividad. Y es que, como quedó demostrado al finalizar la charla, dos horas de conexión real con personas estimulantes alrededor de una mesa, es la mejor red social que existe. En especial, si se acompaña de una buena cerveza. Ningún entorno digital creado para captar nuestra atención mediante el scroll infinito se le puede comparar.

 

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