Las flores son la esperanza de un futuro mucho más colorido. Foto: Andrea Savall

LIFESTYLE – FLORES

Y llegarán las flores

Andrea Savall – 23/04/26

De como las personas creativas encuentran refugio en la arquitectura más sexual de la naturaleza, el día del apagón y otros misterios

Las primeras flores que he visto esta primavera han sido las capuchinas que crecieron en mi balcón. Será la última primavera que pase en esa casa y me parece una bonita despedida. Siempre pasa lo mismo: el invierno nos envuelve y nos hace creer que durará para siempre. Y llega un día en el que quitamos las manos de los bolsillos porque el sol, al fin, las calienta. Los días empiezan a ser más largos y las primeras flores llenan todo de colores.

Odio las rosas cortadas, pero me encantan los rosales. En el Parque Central de Valencia salen cada primavera montones de rosas de diferentes tonalidades, y sus espinas dejan de dar miedo. Pasear por allí te cura el invierno. Me quedo embobada siempre que veo un rosal. La ventana de mi habitación, de los 10 a los 17 años, daba a un parque llamado La Rosaleda. Será por eso.

No me gustan los claveles, aunque pienso que sí deberían. Pero me parecen vulgares y predecibles. No guardan misterios para mí. Las flores que más veces han vestido mi casa han sido los tulipanes. Me parecen preciosos, incluso en sus últimos días de vida, cuando solo queda un pétalo enclenque y tenso. Ese que sostiene todo el peso del legado que ya ha muerto, dejando al descubierto su pistilo, que es siempre perfecto. De hecho, en la floristería Atelier Home de Valencia me confirman que son las flores más vendidas en primavera. No estoy sola en esto.

En mi familia, los lirios blancos han servido, a menudo, para honrar a los que ya no están. Yo, en cambio, he sentido la necesidad de darles un significado diferente. Me han parecido siempre más cercanos a la vida. Hace dos años experimenté un bloqueo con la fotografía. De pronto, mi relación con ella se volvió extraña, como si fuéramos dos amigas de la infancia que ya no tuvieran nada que decirse. Llegué a preocuparme, porque no lograba recordar por qué había empezado a hacer fotos, por qué había construido con tanto afán la estructura de ese oficio durante tanto tiempo. Hasta que, un día de finales de agosto, estando en casa de mis padres, escribí en un papel: «El ramo de la boda que nunca tuve es del jardín de casa de mis padres». Y, casi a ciegas, me puse a recolectar flores de su jardín que acabaron siendo bodegones.

Ese septiembre, empecé a fotografiar flores en mi estudio y, desde entonces, un lirio blanco encabeza mi foto de perfil en Instagram y en mi Substack. Las flores y las personas creativas mantienen una estrecha relación, un pacto silencioso.

«Para eso están las flores, supongo: para darnos esperanzas e imaginar futuros posibles, mucho más coloridos y sorprendentes»

Si pienso en las flores, me vienen dos artistas que tengo la suerte de conocer bien. La primera es la directora creativa Coco Fernández. Tiene una sensibilidad muy fina y no es de extrañar que su trabajo esté relacionado con ellas. «Me obsesiona cómo algo tan efímero puede tener tanta carga estética y emocional a la vez», me cuenta Coco. En su casa siempre hay flores; forman parte de cómo piensa visualmente y de cómo habita el espacio. No tiene favoritas: le atraen mucho las que tienen carácter, con formas raras, tallos torcidos o una presencia un poco imperfecta, como los lirios de fuego. Coincido plenamente con ella cuando me dice que es bastante fan de las flores salvajes, las que crecen en primavera por cualquier lugar y de las que, en su mayoría, no conoce sus nombres.

Se ha rendido al ikebana, el arte japonés de arreglar flores y ramas, por esa manera de entender la flor desde el gesto, el vacío y la intención. «Me interesa mucho más lo que se deja fuera que lo que se coloca, esa idea de que cada elemento tiene un peso muy concreto», concluye. Me quedo pensando en el pétalo enclenque del tulipán que una vez tuve cuando me dice que le interesa mucho cómo envejecen, porque ahí aparece otra estética diferente. Le pido que me recomiende las mejores floristerías de Valencia, y no duda en nombrar a Fulanita Lab y Atelier Home. Aunque me revela que donde más disfruta consiguiendo flores es en sus paseos por el río con su perro Lino. Le encanta cómo va cambiando el escenario con el paso de las estaciones y lo que cada una de ellas aporta.

Las amapolas silvestres. Foto: Andrea Savall

Quiero saber cuáles son las flores que más duran. Le hago caso a Coco y le pregunto a Atelier Home. No dudan en su respuesta: astromelias, claveles, crisantemos. En Fulanita Lab me desvelan el secreto para el mejor cuidado: «Agua limpia (mejor cambiarla cada dos días), cortar los tallos en diagonal y evitar ponerlas al sol directo o cerca de fruta. Esto último suele sorprender cuando lo decimos, pero la fruta hace que se estropeen antes». En esta última están de acuerdo con Coco y me cuentan que están muy de moda los ramos silvestres.

La otra artista en la que pienso cuando se trata de flores es la ilustradora y directora de arte África Pitarch. En su obra suelen aparecer flores diferentes. Le pregunto por qué le gusta tanto dibujarlas y se queda unos segundos callada, reflexiva. «Es una parte efímera de la planta, donde va toda su energía, para hacerla de colores vistosos y así atraer a los polinizadores. Es una arquitectura sexual de la naturaleza increíble«, responde al fin. Aparte de dibujarlas, también las utiliza en rodajes, como parte del set o como inspiración. No es de extrañar que una persona con semejante imaginario llene continuamente su casa de flores. África no tiene flor favorita, pero, si compra flores, le gusta que representen la estación en la que estemos, como, por ejemplo, las mimosas en enero.

Me hace recordar las Pascuas pasadas, cuando fui de viaje a Tarragona con mi novio. Conduciendo de camino a casa, el día del apagón, sin ser conscientes de ello todavía, nos encontramos con un campo lleno de amapolas. Tuvimos que parar el coche y hacer fotos. Caminamos un poco más y nos topamos con otro lleno de colzas amarillas. Horas después nos encontramos con el horror de no tener gasolina en un día en el que todo se apagó. Tuvimos que refugiarnos en un restaurante con vistas al mar, eso sí. Hoy veo las fotos y nos observo felices, ajenos a los problemas del mundo. Para eso están las flores, supongo: para darnos esperanzas e imaginar futuros posibles, mucho más coloridos y sorprendentes.

¿No es lo que hacen, acaso, las personas creativas con ellas?

Yo, mientras tanto, me desvelo en mitad de la noche, preguntándome una cosa sobre mi próximo hogar: cuáles serán las primeras flores que me acompañarán en él. Porque, como dicen en Fulanita Lab, «las flores hablan. Cada una tiene su significado, así que muchas veces, sin darte cuenta, estás regalando un mensaje. Un ramo bonito puede decir mucho más de lo que parece», incluso cuando te lo autorregalas a ti misma.

 

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