El buen vino de un winebar. Foto: Serralunga Wine Bar

Qué es (y qué no es) un winebar

Ferran Salas – 27/11/25

Vamos con una reflexión sobre el término, que ya está en riesgo de extinción, a tenor de una generación Z abstemia y múltiples locales de moda dispuestos a pervertir el concepto. Nos desplazamos hasta Serralunga para hablar con Vicent Casquel, uno de los socios de este proyecto valenciano, donde el vino sigue siendo rey soberano

España es país de vino, aunque se consuma más cerveza. Nuestro origen mediterráneo y nuestra capacidad productiva así lo atestiguan. Sin embargo el consumo de alcohol, especialmente proveniente de la uva, está cayendo año tras año en nuestro país. El perfil de consumidor es claro: boomers para las maderas y millenials para la gentrificación. Los Z pasan de todo, como mucho algún mosto natural con etiqueta molona y colorcito atractivo. En fin, el dichoso scroll que todo lo arrasa. Lamentablemente, corre más tinta que uva al respecto, y más postufotos que consumo consciente. Pero ante la polarización, crece la especialización y, cómo no, la gentrificación por parte de los advenedizos.

No, por mucho que al nuevo local de moda le pongamos el apellido winebar no se convertirá en uno de ellos, a no ser que cumpla una serie de requisitos. De la misma manera que una vajilla o un emplatado aesthetic no es alta gastronomía, los nuevos bares de toda la vida tienen de toda la vida el nombre, pero nada de producciones artesanales y cocciones lentas. En esta época del espectáculo, que definió Guy Debord; de la postverdad y las relaciones líquidadas, de Zygmunt Bauman; y del tardocapitalismo que nos aboca a la sociedad del cansancio, muy bien explicada por (el ahora mainstream) Byung Chul Han; nada es lo que dice ser, o al menos lo que pretende. Por, eso hemos decidido aportar un poco de petulancia y esnobismo para aclarar a la militancia qué es un winebar de manual, y qué es simplemente un local donde se vende vino de mayor o peor calidad.

Y de paso, darle carnaza a los haters, que marida muy bien con un Riberita.

Lo importante, el vino. Foto: Serralunga Wine Bar

Para ello nos trasladamos a Serralunga Wine Bar, la casa de la que es socio Vicent Casquel (Minimal Wines), junto al que analizamos qué marca la diferencia en un local dedicado al vino. Nos cuenta que un winebar tiene  que ser (atención) «un sitio donde la filosofía del local gire alrededor del vino». En Serralunga, lo más importante es la bebida, aunque haya una propuesta de cocina informal que pueda ir evolucionando con el tiempo. «Pero en todo momento, la cocina acompaña al vino, que es el núcleo de lo que nos diferencia de otros sitios», precisa. Pone dos ejemplos concretos en Valencia: Teca y Le Bar de Vins. «Son bares donde hay vinos. Hay una buena selección de vinos pero no todo gira alrededor del vino, como sí sucedía en LeBulc. Es decir, ellos tienen un concepto que funciona como restaurante. Nosotros solo tenemos vino y agua», compara.

Lo del agua y el vino es un tema un tanto conflictivo, ya que muchos clientes quizás podrían querer tomar una cerveza. «No hay cervezas, no hay destilados, no hay refrescos. Solo se sirve un café al final de la cena, si es que has venido a cenar», enfatiza. «Nuestra propuesta es gastronómica, porque hay cocina caliente. Puedes picar, puedes cenar y tienes una selección de vinos donde no importa tanto la cantidad, sino la calidad. Hacemos una apuesta decidida por el vino a calidad de pequeño productor, ediciones limitadas, cosas difíciles de encontrar. Y eso marca la diferencia entre un winebar y un restaurante con buenos vinos», finaliza su argumentación. 

Así que, si atendemos a sus palabras, no es lo mismo un bar de vinos que un winebar; en este caso, el orden de los factores sí altera el producto. Por siendo francos, el 99% de la gente bebe vino alrededor de una mesa, y esto nos lleva a buscar un patrón. Nos propusimos hacer un listado sobre lo que sí estaría en la categoría, y lo que no, ni de coña, ni en cien siglos de rigurosa abstención. Y este fue el resultado.

Más vino, menos destilados. Foto: Serralunga Wine Bar

Tener vino no es suficiente

Si tiene vino, ¿es un winebar? Claro, y si tuviera ruedas sería una bicicleta, ¿no? A ver, lo más importante en este tipo de conceptos es, evidentemente, una selección vínica. Pero esta ha de realizarse con criterio y como elemento prioritario en la oferta. Lo habitual es que recoja añadas, productores y regiones de muy diversa índole. Burbujas, jereces, tintos de fresqueo, internacionales… El apelativo natural o no es una soberana memez. Los hay naturales excepcionales, los hay que no sirven ni para desatascar las tuberías.

*Spoiler: en muchos bares que van de especializados en naturales, por desgracia, abundan los segundos. Son baratos y te pueden clavar de 5 a 8 pavazos sin que te enteres, con lo que una copa les cubre prácticamente el precio la botella. De ahí huid, o tendréis una dura resaca.

La carta funciona de apoyo

En un winebar, la parte comestible ha de ser un acompañamiento, con mayor o menor acierto, pero pensada para el vino. Los fuera de carta, mejor de temporada. Quesos, chacinas y laterío son bienvenidos, pero también es necesario que existan platillos calientes. Pueden ser sencillos, siempre que estén bien ejecutados. Si está por encima en cuanto a oferta, entonces podemos hablar de una taberna con buenos vinos. O un restaurante con una bodega excepcional. Hay muchas y muy variadas, pero su función se centra más en dar de comer que en la socialización entre parroquianos. Y esto nos lleva a…

 

El winebar invita a la socialización

No es winebar si no puedes compartir una botella con la mesa de al lado, o pedir una a media con tu compañero de barra. La esencia misma del vino es la de ejercer de pegamento social. Y la de sus amantes, la de compartir experiencias o sacársela con tremendo pepino. Pero si compartes, probarás más. Ya se sabe, o descubres o vacilas. Siempre hay que moverse en ese ligero equilibrio.

 

No es necesario reservar

Por aquello de que no estamos en un restaurante con vinos, deberías poder aparecer en cualquier momento y coger sitio en la barra. Por cierto: no barra, no party. Hay cantidad de restaurantes en los que no aceptan reservas de una persona porque les descuadras las mesas, la propuesta no se puede expresar correctamente o cualquier otra excusa, en lugar de reconocer que no eres rentable para ellos y que prefieren más personas en una cuenta. Sin embargo, esto no sucede en un bar de vinos: aquí pasa justo lo contrario. Se parece más a un cuadro de Edward Hopper que al Folies Bergère de Manet.

El acompañamiento para un buen vino. Foto: Serralunga Wine Bar

Vinos por copa en constante rotación

Lo bonito de un bar de vinos es poder probar muchos, y eso, solamente lo garantiza una buena oferta por copas. A no ser que tengas un grave problema de adicción -en ese caso, deja de leer este artículo y comienza ya el tratamiento-, a base de botellas, lo máximo que probarás es una poco agradable estancia en el hospital de turno para tratarte del páncreas, el hígado o el riñón. Muchas referencias, variadas y cambiantes hacen realmente interesante a un establecimiento que gira alrededor del vino.

 

Vistas al skyline

Sus redes están enfocadas a enseñarte cómo cada noche la gente va a su negocio a ponerse morao. De paso, también te ponen el morro caliente a ti. Quien sube los stories con esas interminables ristras de botellas quiere demostrar que sus clientes están al mismo nivel que el de su bodega: Conternos, Bereche, Rayas, Chave o Ramonet, que se entremezclan con productores de culto o pequeñas bodegas nacionales. Ah, ¿que tú no has venido? ¿Que te lo has perdido? Cómo lo sentimos…

 

Vinos accesibles coviven con auténticos pepinos

Accesibles no quiere decir cutres. Significa que por precios contenidos te puedes tomar alguna etiqueta realmente interesante. Se pueden hacer virguerías con cartas de 180-250 productores, por ejemplo. Alguien que controle el mercado y tenga buen gusto te puede hacer una selección de vinos superchula. Y con precios oscilantes entre ellos, desde los 25-30 euros hasta donde la billetera pueda alcanzar.

 

El equipo de sala controla la jerga

Sabe de vino, de territorio, de productores y variedades. Conoce perfectamente el lenguaje vinícola y lo transmite, normalmente con generosidad y didáctica. Entiende la perspectiva cultural del mismo y trata con respeto y generosidad al comensal. ¿Nunca te ha pasado que te han recomendado un Ribera de Valencia? ¿O que se han confundido con la manzanilla que pedías? Pues eso.

Auténticos pepinos. Foto: Serralunga Wine Bar

En definitiva, el concepto de winebar es un lugar enfocado en el vino, donde se debe minimizar la oferta de cerveza y destilados, priorizando la comida. Tal y como vemos en casos como Serralunga, el winebar debe incluir opciones tanto frías como calientes. La experiencia de degustar vino es mejor cuando se acompaña de una propuesta gastronómica, ya que la mayoría de las personas disfrutan de esta bebida en un entorno relajado. Por último, aunque el enfoque puede estar en el vino, es esencial tener en cuenta la diversidad de clientes, quienes generalmente prefieren probar, degustar. Lejos del esnobismo sectorial con tufillo de épocas pasadas, ha llegado la hora de abrir los brazos a quienes quieren entrar en este apasionante mundo, y no sentirse unos catetos, o tener que sacrificar el llegar a final de mes.

 

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