Aquí sus opiniones. Foto: Habanero

Qué opina el sector sobre la publicidad de influencers

Encuinarte – 11/12/25

Tras exponer mi propia visión sobre la relación entre publicidad y foodies en Instagram, quise contrastarla con la de otros perfiles y sectores directamente implicados. Cocineros, empresarios, críticos gastronómicos, community managers y profesionales del marketing digital conviven a diario con esta nueva realidad comunicativa, cada uno desde perspectivas, intereses y preocupaciones muy distintas

Escuchar sus voces resulta esencial para comprender la dimensión real del fenómeno. ¿Perciben a los foodies como una herramienta útil? ¿Un mero altavoz de corto recorrido? ¿Un riesgo para la credibilidad gastronómica? A continuación, recojo sus opiniones para ampliarnos el marco de análisis y situar el debate más allá de la experiencia personal.

Empezamos por Marta y Majo, las chicas detrás de la cuenta @tastysouls_vlc. Sobre el código de conducta, tienen una opinión algo distinta: «Totalmente de acuerdo con que haya que señalar cuaádo algo es publicidad, porque la gente tiene derecho a saberlo, pero también creo que todavía hay un problema en cómo se percibe eso. Cuando alguien ve «publicidad» o «colaboración», automáticamente piensa que tu opinión ya no es real, aunque lo sea. Y al final eso perjudica a todos: a la marca y al creador porque los números se resienten y se pierde credibilidad». Opinan que estamos en un momento de «transición», donde la transparencia es «necesaria», pero temen que gran parte de la audiencia se confunda. «Una colaboración no significa mentir, la recomendación no debería de ser menos válida. Que te inviten, muchas veces, significa simplemente que has tenido acceso al sitio o al producto, pero tu opinión sigue siendo tuya. Y hasta que eso no se entienda mejor, creo que sí hay una penalización en las publicaciones que se etiquetan como publicidad», argumentan.

Sobre esos influencers que hacen reseña positiva solamente porque les han invitado o pagado, creen que entonces ya no estaríamos hablando de una recomendación: «Sería publicidad vacía. Que haya un intercambio, sea económico o en forma de producto, no es el problema. El problema es cuando desaparece el criterio. Por eso es tan importante elegir bien a quién se sigue y en quién se confía. Si un creador encaja con tu estilo de vida y tu forma de disfrutar la gastronomía, entonces sus recomendaciones sí pueden servirte de verdad».

 

Muchos restaurantes hacen sinergias, a otros no les sale a cuenta. Foto: Habanero

Por otro lado, está la visión de Félix Chaqués, propietario y cocinero del restaurante que lleva su nombre. Ya en su día confesó que, para dar visibilidad a su recién inaugurado proyecto, decidió recurrir a esa cartera de foodies capaces de amplificar (o al menos intentarlo) el eco de un negocio que aún daba sus primeros pasos. «Personalmente, veo a los influencers como una herramienta más y, en mi caso, con un restaurante recién abierto, tiré de ellos para dar a conocer mi negocio; más aún en la era digital en la que vivimos. Lo entiendo como una manera activa de atraer clientes. Quizás su criterio gastronómico no sea el más apropiado, pero sí considero que tienen una gran capacidad para comunicar a través de las redes. Gente que no sabe de comida, pero sí sabe moverlo en Instagram, en este caso, lo suficiente como para que mucha gente se entere. Con los críticos, en cambio, lo que busco es prestigio: que gente del sector pueda valorar mi trabajo e incluso dárselo a conocer a otros profesionales».

A la pregunta de si considera realmente necesarios a los foodies, su respuesta es clara: «No. De hecho, creo que funcionan únicamente para ciertos objetivos, como, por ejemplo, una nueva apertura. En mi caso concreto, me ayudaron a aumentar considerablemente el número de clientes en la mitad de tiempo. Ahora ya he dejado de colaborar con ellos porque su alcance es menor respecto al coste que me supone. Sin ir más lejos, mi colaboración con @cenandoconpablo, el foodie más influyente de España, me supuso un gasto de más de 800 euros por una comida, y a duras penas conseguí recuperar la inversión. No todo vale, no todo funciona, y mucho menos a cualquier precio».

Por otro lado, y ya para terminar, mantuve una conversación con Jorge Brot, propietario, junto a su hermana Virginia, de la mítica Cervecería Comic, uno de los locales más auténticos de Valencia y, sin duda, uno de los más queridos por quienes disfrutan de las buenas cervezas y del buen rollo que allí se respira. Conozco a ambos desde hace muchos años, he visto cómo han crecido, cómo han resistido modas, oleadas de aperturas Amigo Kebab, cierres y reinvenciones; y quizá por eso me permito la libertad de afirmar algo que muy pocos pueden decir con propiedad: nunca han necesitado tirar de foodies, colaboraciones ni campañas con influencers para mantener su negocio en lo más alto.

Su visión sobre el fenómeno es directa: «Somos de la opinión de que la mayoría son personas que buscan aprovecharse del auge de las redes sociales, con una serie de seguidores comprados y con un criterio que, en muchos casos, deja bastante que desear. Además, suelen ser ellos quienes vienen a buscarte, con sus condiciones y sus normas». La situación, lejos de ser aislada, se repite semana tras semana: «Rara es la semana que no me escribe alguien que quiere venir al restaurante a comer gratis, y además ¡con un grupo de amigos! a cambio de un vídeo en Instagram».

Respecto a la crítica, positiva o negativa, aclara que para ellos solo tiene sentido desde la honestidad: «Buscamos opiniones reales, no opiniones positivas por invitarte a algo. Hemos tenido casos de gente que, incluso después de cenar, te pide una ronda de chupitos a cambio de una reseña buena… o mala, dependiendo de tu respuesta». La conversación continúa, y justo antes de aparcar el tema para centrarnos en disfrutar una nueva cerveza, esta vez una Chouffe navideña, mi mirada se detiene en un pequeño detalle: ese desde 1982… grabado en la pared.

Cuarenta y tres años ya, Jorge, le digo. «Pues sí, y tras más de cuarenta años puedo asegurarte de que nuestro foodie es vintage, y se llama boca a boca. Nos miramos, y brindamos. ¿Por quién? Por él, por Javier Brotons. Javier Vicente Brotons para ser exactos. ¿Quién sino?

Cheers! (Sin almohadilla)

 

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